We carry sand in our shoes

Words on a blackboard

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We carry sand in our shoes –
Pieces of reality.
The roads we walk get us far into the hearts.
And the eyes get blind.

We carry sand in our shoes
To feel the touch of life as we dream
Cause in dreams we get lost
And darkness is mistaken by light.

We carry sand in our shoes
As time quickly goes by…
Love is a heartbeat that dies
And sand is all we’ve got left.

We carry sand in our shoes
And for each grain,
We make wishes and hope…
Maybe the sand will make us feel again –
That we have grounds under the feet.

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¿Podrán detener el tiempo de la historia?

¿Podrán detener el tiempo de la historia?               

José Revueltas.

José Revueltas preso en Lecumberri por el régimen priísta

José Revueltas preso en Lecumberri

Han de excusarme porque me dirija a ustedes sin darles el trato que corresponda a su investidura. Por más esfuerzos que he hecho para encontrar la definición, no he podido dar con ella racionalmente, ni me puedo explicar nada de cuanto sucede, qué es y a qué obedece. Creo que el derecho a la duda lo he con-quistado en el lapso de casi dos años que llevo preso y en que, después del acto de formal prisión, no se me ha llamado a ninguna audiencia, a ninguna diligencia y hasta ahora he tenido el honor de conocer en persona al licenciado Ferrer Mac Gregor, nuestro juez o que aparece como juez de algo o de alguien. Estamos ante una ficción incomprensible, que no se puede calificar con exactitud. El Código Penal, el Código de Procedimientos, los conceptos del Derecho, su filosofía, nada de todo esto nos proporciona la respuesta que intentamos obtener acerca de lo que significa, lo que contiene y la razón en que se funda el acto, a todas luces, extraordinario, que aquí nos reúne. ¡Vaya! Ni la imaginación ni la fantasía del Ministerio Público podrían sernos útiles, pese a que nos ha demostrado que las posee en alto grado, durante su intervención en esta Audiencia. Y aun su lógica, que corre pareja con aquéllas. Es una lógica basada en un sistema de extrapolaciones de las cuales deriva, entonces, un encadenamiento causal que le resulta así muy fácil. Nos acusa, en el capítulo del delito de “daño en propiedad ajena”, de todos los perjuicios y destrozos ocasionados por las demostraciones callejeras. “Ver para creer” eran las palabras con las que designaba a este método uno de los testigos de la Pasión, Santo Tomás, a quien se le conoce como El Tonto, para distinguirlo de Tomás de Aquino, el teólogo, que no tenía nada de tonto. Estamos aquí, en este lugar al que se nos ha traído, para asistir a una extraña función, cuyos fines verdaderos es precisamente lo que tratamos de poner al descubierto. Como vemos, el método de Santo Tomás el Tonto, nos conduce a bien poca cosa. Sin embargo, no ha de ser tan malo, por cuanto que es el método que aplicó el Ministerio Público para hacernos llegar hasta aquí… en este acto, reunión, concurso, entrega de premios o lo que sea —pues pue-de serlo todo, hasta campeonato de insomnio, en que, a fuerza de ser justos, el señor juez se llevaría el primer premio, ya que es el único a quien la ley obliga a no dormirse—, campeonato o concurso al que nos hemos visto en la necesidad de asistir al margen de nuestra voluntad. El Ministerio Público está obligado a creer en lo que dice. La ley exige que sus acusaciones se funden en pruebas, puesto que nadie puede creer en nada si no se le ofrecen las pruebas de aquello que se le dice, o si las pruebas salen de la nada. De otro modo el Ministerio Público no sabría ni conocería las causas por las que cree que nosotros somos esos mismos delincuentes comunes sobre quienes pide que recaigan determinadas sentencias.

Revueltas en pie a sus ideales llega a las últimas consecuencias en Lecumberri

El Ministerio Público… para obtener las pruebas que necesita, debe entonces ver, oler, gustar, oír y tocar los hechos. Ahora bien, como una sola persona no puede hacer todo esto respecto a todos los hechos, y ni si quiera por lo que respecta a un solo hecho aislado, el Ministerio Público dispone de un órgano de los sentidos con el cual olfatea, acecha, vigila, espía, escucha, y establece los hechos (esto por cuanto hace a los sentidos de la vista y el oído); y toca, palpa, estruja, hiere, tuerce, lastima a las personas (esto por lo que se refiere al sentido del tacto), para finalmente, saborearlo todo (esto por lo que se refiere al sentido del gusto). Dicho órgano de los sentidos tiene su nombre: Dirección General de Averiguaciones Previas. Pero aquí parecería que omitimos un sentido: el del gusto. En efecto, porque tal órgano de los sentidos no tiene gusto propio. La Dirección de Averiguaciones Previas no huele, no oye, no ve, no hace nada que no sea de acuerdo con el gusto del Procurador. Y de éste ya se sabe a qué gusto obedece. El Ministerio Público cree, desde el principio, en la culpabilidad que se desprende de las pruebas, con la creencia inmediata de Santo Tomás el Tonto. El juez se tarda un poco más en creer, con la cautela reflexiva y más conservadora de Santo Tomás el teólogo. Pero el agnosticismo teológico del juez resulta de muy corta duración. No dura sino el plazo de las 72 horas en que debe dictar el auto de formal prisión. El juez cree en el delito del acusado como una presunción, como una probabilidad. En cambio el Ministerio Público cree en el delito como una certeza. En el caso nuestro, no obstante, se produce un fenómeno curioso enormemente revelador. La diferencia entre presunción y certeza se disuelve, desaparece, y unifica los dos conceptos de las diferentes atribuciones del juez y del Ministerio Público en una sola e indivisible relación conceptual: la evidencia, para ellos, de que no somos procesados políticos, sino delincuentes comunes. ¿Qué significa esto? Significa precisamente que la distinción que obra a favor de los presos comunes al considerarlos presuntos responsables de la comisión de un delito, en nuestro caso es nula, no obra, no existe y nos condena de antemano, puesto que ya se nos considera autores de robos, depredaciones y homicidios, desde que el juez dictó la formal prisión, y no se trata sino de establecer el grado en que cometimos dichos delitos, por lo que el juez ya tiene listas las sentencias. ¿Cómo calificar esta actitud, ya no de este señor juez y los representantes del Ministerio Público, aquí presentes, sino del Poder Judicial que la tolera y la aprueba sin que a sus integrantes se les caiga la cara de vergüenza?

La unilateralidad, la parcialidad, el carácter dogmático, excluyente, autoritario e impositivo del concepto con que se nos impide el acceso a la definición de procesados políticos, en virtud de su propia naturaleza, deviene, en la realidad práctica de los hechos, como parcialidad amañada, facciosa, partidista, de la conducta misma del Poder Judicial. Por cuanto el Ministerio Público (o sea la Procuraduría de Justicia), y el juez (o sea, la interpretación de la ley), funden sus atribuciones en una sola y unificada actitud, quiere decir que este expediente pue-de funcionar, a voluntad y de modo idéntico, en cualesquiera circunstancias y al margen de la ley, cuando así lo requieran los intereses políticos de la persona encargada del mando supremo de la República. Cuantas veces se ha requerido al señor presidente de la República por nuestra libertad, mantiene invariablemente una rígida y lacónica respuesta: “Están en manos de sus jueces”, dice el Jefe del Poder Ejecutivo.

José Revueltas.

Pepé Revueltas fue condenado a prisión sin ningún delito, salvo el de la conciencia y el luchar por las causas justas que ese tiempo como ahora eran y son muchas, en ese tiempo por las mejores condiciones de los estudiantes, la justicia social, la democracia y la libertad de expresión, y de libertad a presos políticos; hoy como ayer debemos recordar a José Revueltas como un integrante no sólo literario sino como un ejemplo de lucha y resistencia ante los poderosos.

“Enrique González Heredia un amigo y un artista del Kamishibai”


“Enrique González Heredia un amigo y un artista del Kamishibai”

 

 

A veces me siento solo… y a veces sólo me siento.

Enrique González Heredia.

 

 

El promotor de la técnica japonesa de teatro de papel “Kamishibai”, Enrique González Heredia nos ha dejado un legado y una amistad interminable. Partió a los 56 años la noche del domingo 13 de julio de 2014 en la ciudad de Santa Cruz Atizapán, en el Estado de México. Se fue al igual que los grandes escritores qué nos han deleitado con sus lecturas, él cuentista, cuentero, promotor de lectura, de la cultura tanto oriental cómo occidental, el mago de la palabra nos deleitaba con sus cuentos, sus historias, recorría urbes, calles, plazas, avenidas, bajo el asfalto. Suspiros no se detenían hasta qué encontraba lectores y amigos, los atraía con ese encanto de los narradores: la palabra. Su palabra seducía. Pero también transmitía la más sincera de las emociones. Del llanto, a la alegría, del hechizo mágico a la diversión. Quizá magia sea uno de los secretos qué encerraba en su cajita. Ese objeto qué era parte de su cuerpo y que transmitía al igual que el arte del relato.

 

 

 

“La mirada de Enrique González Heredia antes de contar cuentos”.

Kamishibai: teatro de papel.

Kamishibai: teatro de papel.

 

   Donde llegaba, muy serio y con elegancia te miraba a los ojos, muy seguro de sí mismo, ya te había atrapado con esa pregunta qué todos se hacían, ¿Qué es eso? ¿Qué tiene? Y entre el misterio y la duda. Empezaba la duda por carcomerte. Pero la presentación de lo más extraordinario. Sus palabras abrían el silencio como las cortinas:

Tocaba dos artilugios de madera

“Quizá magia sea uno de los secretos qué encerraba en su cajita”.

 

 

“Toc-toc-toc-toc-toc”.

Hyoshigi, instrumento utilizado por los gaito kamishibaiya o cuentistas de Kamishibai para anunciar su llegada.

 

 

“¡Mukashi, mukashi!”

“Señoritas y señores necesito su atención, no quisiera ser molón, ni granjearme sus rencores; vengo a escribir sin temores, una pausa para los males, cuentos historias, retales de Francia, Rusia o Bombay, este es mi Kamishibai, yo soy Enrique González”

“Y a la manera tradicional del Japón vamos abrir el Kamishibai”.

    Enrique comenzaba con sus fascinantes historias abría su teatrito de madera, dos puertas pequeñas con un telón detrás rojo, se lograban ver las cartulinas con unos dibujos hechos con colores, un delineado, un arte qué se mesclaba con la voz de Enrique y atrapaba a los espectadores por los dibujos y por su arte de contar cuentos, era todo un cuentero y cuentista. Sus adaptaciones eran muy diversas, cosmopolitas, es la palabra, basados en literatura con autores como Frederick Brown, Juan José Arreola de todos sus cuentos y ficciones del Argentino Jorge Luis Borges, y sus notables obras cuentistas también las adaptaba de maravilla, él sabía guionismo. -Le daba vida al cuento con el arte de los grandes, la de, las palabras mayores-. Apoyado con ilustraciones en color sacaba una a una a la vez de qué el relato avanzaba.

Sobre su Kamishibai

   La técnica recogida del antiguo arte japonés”Kamishibai”  (紙芝居), significa “drama de papel“, es una forma de contar historias que se originó en los templos budistas de Japón en el  siglo XII, donde los monjes utilizaban “emaki”  (pergaminos que combinan imágenes con texto) para combinar historias con enseñanzas morales para audiencias mayormente analfabetas. 

   Hyoshigi, instrumento utilizado por los gaito kamishibaiya o cuentistas de Kamishibai para anunciar su llegada.

 

“Kamishibai, Teatro de papel, el repertorio”.

   Cada espectáculo consta de la narración de tres cuentos con duración aproximada de 6 minutos. Entre la narración de las historias se dialoga con el público para recuperar los puntos más importantes de la historia.

   Hasta el momento se cuenta con un acervo de doce historias, dirigidas a todo público.

José Enrique González fue Autodidacta, de los que tienen la habilidad de aprender por cuenta propia. Técnica difícil y es cuando uno se educa con los libros y con esfuerzo personal. Enrique experimentó estas posibilidades desde el 2008 con el kamishibai en el área de la Comarca lagunera. Su repertorio constaba de doce historias entre las que se cuentan El abuelo, el nieto y su burro (basado en el cuento del Buen hombre y su hijo, del infante Juan Manuel), Dos amigos (cuento tradicional ruso), La sopa de piedra (tradicional inglés), El leñador y la serpiente (leyenda tradicional mexicano), Tsuru no ongaeshi, o el agradecimiento de la grulla (tradicional japonés), Las aceitunas (adaptación libre de un “paso” de Lope de Rueda).

José Enrique González fue autodidacta, de los que tienen la habilidad de aprender por cuenta propia. Técnica difícil y es cuando uno se educa con los libros t con esfuerzo personal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Enrique en una fotografía con niños”.

 

 

 

La Ruta de José Enrique González Heredia:

Enrique caminó por un sin de rumbos, caminos inhóspitos qué iban desde Coyoacán, Tlalpan, Copilco y Ciudad Universitaria, aquí los universitarios eran seducidos por su arte narrativo y expresivo. Sus pasos eran seguidos por los amantes de los cuentos, de las historias, de las anécdotas, del amor a la vida, de la seducción de la muerte, un cuento al que él hacía la anécdota muy graciosa y divertida. Entre los estudiantes universitarios y los bibliotecarios siempre eran asombrados por sus hazañas, sus historias y lo mejor por la amistad.

Enrique en la calle de Régina, en el centro histórico, con una show de imaginación y fantasía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   En la ciudad de México, en el mero corazón de la ciudad, de esta urbe asfixiante pero también la más concurrida, en el mero zócalo, Enrique hacía acto de presencia y dejaba con una sonrisa a quién lo escuchaba a través de sus historias, en la lagunilla, Bellas artes, la calle Regina famosa por el mural de la familia burrón, llena de bohemios, comensales, gustadores del café, de la comida y de la compañía de amigos. Eran atrapados por su arte a través del cuento y de la técnica: del Kamishibai.

“Sus pasos eran de alegría, sus destinos el oído y el ojo de los lectores”.

“Miraba adelante, al futuro, a la cultura”.

 

“En las calles, en los barrios, en las plazas, las avenidas eran telones y preparaban al lector a la espera del acto del Kamishibai”.

 

Por las calles, con un lector buscando la comunión: la comunicación.

En sus palabras: “HIJO, PREPÁRATE AL BURRO, PORQUE VAMOS AL PUEBLO”.

 

 

 

 

 

 

   

    ¡Estupendo Gaito Kamishibaya mexicano! Así le decían quién escuchaba sus asombrosos relatos.

 

“…EL ABUELO SE QUITÓ EL SOMBRERO AL SALUDAR”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Narración en proceso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su ímpetu cultural:

La forma de leer lo qué pensaba era en su blog o saludarlo en persona. De la primera, era cuándo se enfermó puso esto en su Facebook personal: “Vamos a ver cómo carajos le hacemos, pero este año tengo que llevar el kamishibai a todas las escuelas que pueda encontrar: funciones gratuitas, por colecta, contratadas o como sea. Hay mucho por hacer”.

   Pero era sabido de su ánimo para leer y promover la cultura en toda la expresión de la palabra.

 

“Teatro de papel”.

¡El kamishibai ha empezado!

 

 

 

 

Enrique se impulsaba para para leer y promover la cultura en toda la expresión de la palabra.

A todo público acudía Enrique, los niños eran su preocupación.

“Niños, y adultos siempre salían con una grata sonrisa con Enrique y su acto del Kamishibai”.

"El Kamishibai contagiaba alegría"

Los niños con su familia disfutaban del show y de las actividades culturales de Enrique.

 

 

Su misión: la palabra del cuento.

   Lo asombroso de José Enrique González Heredia es la gran visión de educación qué tuvo, en ello se preocupó por los más jóvenes, los niños. En ellos vio el futuro y la semilla de los humanos qué serán humanistas sin qué se dé cuenta, ¿Cómo? ¿Cuándo? A través del cuento y de la palabra como acto de revolución cultural y social. Por ello trabajaba del más altruista y de lo más honesto en qué puede trabajar un hombre y eso es: enseñando con cultura, con educación, con palabras, con humanismo y lo más importante: con corazón.

   Por eso hoy, mañana y siempre recordaremos a José Enrique González Heredia y lo recordaremos con la memoria y el corazón de un amigo, pero como la Maestra Isabel lo dice: un artista urbano, un amigo, un promotor de lectura, un cuentacuentos.

     Descanse en paz amigo José Enrique González Heredia.

En el acto.

 

“Siempre miraba al futuro y hacía adelante”

 

Miradas.

Enrique González Heredia fue un hombre bueno, alegre, divertido, sabio e inteligente, pero sobre todo fue un artísta urbano con talento nato para narrar, pero lo mejor fue para compartir su experiencia, en el mejor libro llamado: vida.

 

Descansa en paz amigo Enrique González Heredia te vamos extrañar por las calles, los barrios, en las plazas. tus historias quedarán en nuestra memoria, en el corazón.

 

Los vídeos de Enrique González Heredia “El Kamishibai” en persona y algunas notas periodísticas:

 

• En el canal de la Dirección General de Educación Secundaria Técnica (DGEST Media):
https://www.youtube.com/watch?v=OysyY_CuIzE

• Entrevista realizada en el 2o Festival de Promoción de Lectura en San Andrés Tuxtla, Veracruz:

http://www.youtube.com/watch?v=JRiMyMd-bYU

• Por si les tocó observarlo en la calle de Regina en el Centro Histórico de la Ciudad de México:
https://www.youtube.com/watch?v=kIkKsTCfT6w

• Enrique, presentándose en Torreón, Coahuila:
https://www.youtube.com/watch?v=2SLfK448Adg

 

“NACIDO EN LA CALLE” Entrevista No.7 “Enrique González”

 

https://www.youtube.com/watch?v=o6ykyepMgbI&feature=youtube_gdata_player

 

https://www.youtube.com/watch?v=o6ykyepMgbI&feature=youtube_gdata_player

 

Teatro Kamishibai. Enrique González

https://www.youtube.com/watch?v=OysyY_CuIzE&feature=youtube_gdata_player

 

Las fotos de su obra cuentista y trabajo como promotor de la lectura:

http://picasaweb.google.com/manolo099/Kamishibai#

 

 Facebook: Enrique González.

Algunas notas en el diario Milenio:

http://www.milenio.com/buscador/?text=kamishibai

 

La contrarreforma educativa, la ley y el orden

LA REALIDAD LATINOAMERICANA

Todos los sistemas proclaman representar la voluntad del pueblo, del soberano. Pero hay dictaduras semánticas, gobiernos autoritarios y no-democracias que llegan al poder mediante la violencia, la manipulación mediática y/o el fraude, y esgrimen una retórica avasalladora con eje en la Constitución y el estado de derecho.

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